Category Archives: Altres contes

Escrits literaris propis i d’altres autors

Ley de Murphy

Estàndard

El dia amaneció claro y soleado. Me apetecia salir. Al llegar a la calle descubri que no llevaba las gafas de sol. Volvi a subir a casa, las cogi y baje. En la calle ya no habia sol. Llovia.

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Un saludo brujas!

Estàndard

Pero era el día de las brujas hace algunos siglos, porque era el día en que las brujas hacían su reunión anual, el Aquelarre, y afianzaban su compromiso y servicio al demonio. Eso es lo que nos hicieron creer a todas desde muy pequeñas, pero no, estas mujeres se reunían para seguir haciendo lo que las mujeres hacemos hoy día, reunirnos con el fin de luchar contra el machismo, el sexismo y todo aquello que origine odio y violencia hacia las mujeres. Los aquelarres eran pactos políticos entre mujeres, pactos para subsistir a la violencia cotidiana, pactos para seguir luchando unidas.

A las brujas no las quemaron por malas, las quemaron por inteligentes, por rebeldes, por libres. Por querer ser parte de la historia. Por adquirir conocimientos que estaban reservados solo a los hombres. Por practicar abortos. Por no enmarcarse en la “belleza” impuesta por la mirada masculina. Por leer libros, por escribirlos, por enseñar. Por soñar con revoluciones en donde todas las mujeres consiguieran lo que ahora no tienen. Las quemaron por sabias, las quemaron porque se resistieron a ser violadas, porque no atracaron el chantaje, porque no las pudieron comprar. Les quitaron la vida porque ellas posibilitaban que otras mujeres vivieran, por fin, como querían. Por ayudar a otras mujeres a ser libres. Las quemaron por lesbianas, por amenazar al sistema que te convierte en reproductor del sistema. Las exterminaron por amarse entre ellas y por amar a todas.

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La Playa

Estàndard

Vengo de una tierra reseca y agrietada donde solo crecen matojos y espinos, donde el agua navega a quinientos metros bajo tierra y su consumo se realiza con un cuentagotas.  Llegue a esta ciudad,  hace muchos años, para poder ganarme la vida  y  dejar de sentirme como una esclava en una fábrica de conservas. También aquí tuve que luchar para abrirme camino, pero logre con los años tener mi propio negocio, formar una familia i ver crecer a mi nieta.

Este año he cumplido 60 años y mi hija quiso celebrarlo regalándome un viaje. Era una sorpresa. Yo no podía saber el lugar donde íbamos. Así que un buen día se presenta ella su marido y mi nieta y me dicen que prepare la maleta que nos vamos.  El viaje lo hicimos en su coche –creo que se llama “un todoterreno”-  amplio y cómodo. Yo iba detrás con mi nieta que viajaba en su silleta adaptada. Fue una delicia de viaje- Cantando, explicando cuentos, dando alguna cabezada. Y finalmente llegamos.

No me dijeron nada, ni el sitio donde estábamos ni a donde íbamos a ir andando porque no podíamos llegar con el coche. Delante solo se veía una gran extensión de terreno cubierta de un manto frondoso de verde hierba con el cielo al fondo, como un gran decorado. Mi yerno se quedo con la pequeña  y mi hija cogiéndome del brazo me llevo hasta el borde del precipicio. A medida que nos acercábamos fui descubriendo el mar que lamia los acantilados y acariciaba la playa que se hallaba a nuestros pies.  Nunca había visto el mar y nunca había pisado una playa. Sin poder contenerme, llore de emoción ante tanta grandeza.

Bajamos por unas escaleras muy rudimentarias de madera por la ladera del acantilado. A medida que íbamos bajando fui descubriendo un paisaje maravilloso, que nunca imagine que pudiera existir. Le erosión del viento y del agua había tallado la piedra dándole unas formas singulares, abriendo grutas y caminos de piedra en sus laderas. Finalmente llegamos a pie de playa. Mi hija me hizo quitar los zapatos para que pisara la arena y así nos acercamos hacia donde rompían  las olas.

Mis ojos seguían desprendiendo lágrimas delante de aquel espectáculo que me ofrecía la naturaleza. Espectáculo que yo había conocido solamente a través de las palabras de los poetas  ó vislumbrado a través de las  imágenes enlatadas ó  retazos de pinturas. Y ahora estaba delante de mi. Aquella inmensidad hizo que me sintiera ebria. Sentí miedo  y sin embargo no podía apartar la mirada delante de tanta belleza en libertad. Y mis pies lentamente empezaron a adentrarse en la blanca espuma que bañaba la arena.

 

Rosa C.L

Sept 2017

El injerto

Estàndard

Su calva dejo de emitir aquel brillo tan deslumbrante. Una fina capa de rizos castaños ocupo su lugar. Lo primero que hizo después de salir de la clínica, fue comprar todo un arsenal de peines, cepillos, fijador, espuma, champú, mascarilla, acondicionador, crema suavizante. Todo aquello le venía un poco grande. La dependienta que estaba muy versada en el tema  no tuvo ningún inconveniente en perder casi una hora de reloj con aquel nuevo cliente. Aquel mes se llevaría una buena comisión.

Solo había transcurrido una semana cuando empezó a notar aquellas pequeñas molestias. Siempre era por la noche. Supuso que el calor de la cama le producía aquellos picores, aquella desazón. Pero fue en aumento. Ya no podía dormir, no conciliaba el sueño. Se lavaba la cabeza a medianoche con agua fría a fin de apagar los ardores. En la clínica le dijeron que era normal. Las raíces de los implantes necesitaban un tiempo de adaptación.

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Castanyes i moniatos, panellets i penellons

Estàndard


fulles-de-tardor-300

 

Ha arribat la tardor

i canvien els colors

groc, marró i gris.

La castanyera ha encès el foc

la flaire omple el carrer

paperina de paper.

Ha arribat la tardor

pluja i fred

i festa dels morts.

Una nena amb fred

porta castanyes calentes

dins les butxaques de l’abric.

Gorro, bufanda

i guant de llana

per esquivar els penellons

Ha arribat la tardor

sis panellets de pinyons

sis euros que he pagat.

I tant a gust que me’ls he menjat

passejant pel carrer

amb la flaire i del bracet.

Rosa C.L. (Octubre 2016)

La noia que abraçava als arbres

Estàndard

abraçar un arbre

Des que era una menuda amb trenes i boca desdentada no havia tornat a estiuejar al poble. Tot i el temps transcorregut, recordava amb nitidesa la casa pairal del avis. La petita entrada donava pas a la cuina menjador i, a mà dreta, una petita porta portava a les escales cap a les habitacions i, una mica més amunt, a les golfes. Encara podia visualitzar amb alegria el record de molts moments inoblidables.

Cada vespre, asseguda al costat de la llar de foc que presidia la cuina menjador, esperava que sortís un petit ratolí de darrere les grans pedres de la xemeneia. El primer dia que el va veure es va espantar molt, però en veure la mare agafar l’escombra va posar-se a plorar amb tant de sentiment que finalment la mare va deixar l’escombra i va agafar unes engrunes de pa i uns bocins de formatge i els va deixar al costat de la llar de foc perquè el ratolí tornés a sortir a buscar el gran tiberi. I aquesta “trobada” va tenir lloc un estiu i un altre estiu, fins que un any el ratolí ja no va sortir, per molt formatge i moltes engrunes de pa que van deixar al costat de la xemeneia.

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