Author Archives: Rocalo

Ley de Murphy

Estàndard

El dia amaneció claro y soleado. Me apetecia salir. Al llegar a la calle descubri que no llevaba las gafas de sol. Volvi a subir a casa, las cogi y baje. En la calle ya no habia sol. Llovia.

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Un saludo brujas!

Estàndard

Pero era el día de las brujas hace algunos siglos, porque era el día en que las brujas hacían su reunión anual, el Aquelarre, y afianzaban su compromiso y servicio al demonio. Eso es lo que nos hicieron creer a todas desde muy pequeñas, pero no, estas mujeres se reunían para seguir haciendo lo que las mujeres hacemos hoy día, reunirnos con el fin de luchar contra el machismo, el sexismo y todo aquello que origine odio y violencia hacia las mujeres. Los aquelarres eran pactos políticos entre mujeres, pactos para subsistir a la violencia cotidiana, pactos para seguir luchando unidas.

A las brujas no las quemaron por malas, las quemaron por inteligentes, por rebeldes, por libres. Por querer ser parte de la historia. Por adquirir conocimientos que estaban reservados solo a los hombres. Por practicar abortos. Por no enmarcarse en la “belleza” impuesta por la mirada masculina. Por leer libros, por escribirlos, por enseñar. Por soñar con revoluciones en donde todas las mujeres consiguieran lo que ahora no tienen. Las quemaron por sabias, las quemaron porque se resistieron a ser violadas, porque no atracaron el chantaje, porque no las pudieron comprar. Les quitaron la vida porque ellas posibilitaban que otras mujeres vivieran, por fin, como querían. Por ayudar a otras mujeres a ser libres. Las quemaron por lesbianas, por amenazar al sistema que te convierte en reproductor del sistema. Las exterminaron por amarse entre ellas y por amar a todas.

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Animales irracionales

Estàndard

Gloria Luque, inspectora de policía se lavo la cara después de haber vaciado previamente el contenido de su estomago en el cuarto de baño de la habitación 5007 del recién estrenado hotel Arts de Barcelona. No era su primer cadáver, pero nunca hasta entonces había contemplado tanta saña en un cuerpo humano.

En la cama yacía una mujer joven y hermosa. Quien cometió aquel crimen, tenia un cierto grado de afectividad con la víctima, ya que había respetado su rostro. Su melena ondulada de color castaño  claro enmarcaba  una boca de labios finos que esbozaban una mueca grotesca. Sus ojos almendrados de color ámbar miraban sin ver.

En la habitación continua su ayudante junto con dos policías custodiaba a una mujer de nacionalidad norteamérica de unos 50 años,  y en sus brazos sostenía el cadáver de un pequeño yorkshire. Su nombre Arabell Mulls, su ropa impregnada de sangre no dejaba lugar a dudas sobre lo que había acontecido en aquella habitación. El caso no seria difícil de resolver para la inspectora Luque.

Atravesaron las calles de la ciudad, desde el puerto deportivo olímpico recién construido hasta la comisaría de policía de Via Layetana. La ciudad se hallaba sumergida en una vorágine de obras que debían finalizar en el plazo breve de un mes para la inauguración de los Juegos Olímpicos. Justo una semana antes una lluvia torrencial cayó sobre la ciudad, dejando al descubierto los fallos de unas obras hechas en un plazo tan corto de tiempo.

Y ya en la comisaria Arabell Mulls, hizo la declaración de los hechos acontecidos en la habitación 5007 del Hotel Arts.

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La Playa

Estàndard

Vengo de una tierra reseca y agrietada donde solo crecen matojos y espinos, donde el agua navega a quinientos metros bajo tierra y su consumo se realiza con un cuentagotas.  Llegue a esta ciudad,  hace muchos años, para poder ganarme la vida  y  dejar de sentirme como una esclava en una fábrica de conservas. También aquí tuve que luchar para abrirme camino, pero logre con los años tener mi propio negocio, formar una familia i ver crecer a mi nieta.

Este año he cumplido 60 años y mi hija quiso celebrarlo regalándome un viaje. Era una sorpresa. Yo no podía saber el lugar donde íbamos. Así que un buen día se presenta ella su marido y mi nieta y me dicen que prepare la maleta que nos vamos.  El viaje lo hicimos en su coche –creo que se llama “un todoterreno”-  amplio y cómodo. Yo iba detrás con mi nieta que viajaba en su silleta adaptada. Fue una delicia de viaje- Cantando, explicando cuentos, dando alguna cabezada. Y finalmente llegamos.

No me dijeron nada, ni el sitio donde estábamos ni a donde íbamos a ir andando porque no podíamos llegar con el coche. Delante solo se veía una gran extensión de terreno cubierta de un manto frondoso de verde hierba con el cielo al fondo, como un gran decorado. Mi yerno se quedo con la pequeña  y mi hija cogiéndome del brazo me llevo hasta el borde del precipicio. A medida que nos acercábamos fui descubriendo el mar que lamia los acantilados y acariciaba la playa que se hallaba a nuestros pies.  Nunca había visto el mar y nunca había pisado una playa. Sin poder contenerme, llore de emoción ante tanta grandeza.

Bajamos por unas escaleras muy rudimentarias de madera por la ladera del acantilado. A medida que íbamos bajando fui descubriendo un paisaje maravilloso, que nunca imagine que pudiera existir. Le erosión del viento y del agua había tallado la piedra dándole unas formas singulares, abriendo grutas y caminos de piedra en sus laderas. Finalmente llegamos a pie de playa. Mi hija me hizo quitar los zapatos para que pisara la arena y así nos acercamos hacia donde rompían  las olas.

Mis ojos seguían desprendiendo lágrimas delante de aquel espectáculo que me ofrecía la naturaleza. Espectáculo que yo había conocido solamente a través de las palabras de los poetas  ó vislumbrado a través de las  imágenes enlatadas ó  retazos de pinturas. Y ahora estaba delante de mi. Aquella inmensidad hizo que me sintiera ebria. Sentí miedo  y sin embargo no podía apartar la mirada delante de tanta belleza en libertad. Y mis pies lentamente empezaron a adentrarse en la blanca espuma que bañaba la arena.

 

Rosa C.L

Sept 2017

Diario veraniego

Estàndard

El pasado verano me despedí de las mini-vacaciones que hacemos desde que mi madre y el señor Alzheimer viven con nosotros. Cada año el deterioro cognitivo y físico avanzan con más rapidez. La medicación ya no frena el avance de los daños colaterales: perdida de memoria inmediata, recuerdos del pasado que desaparecen, seres queridos que ya no puede recordar ni reconocer en las fotografías familiares, preguntas obsesivas por temas como por ejemplo, preguntar la hora cada dos minutos después de haber consultado su reloj, para confirmar que sigue funcionando y sigue marcando la hora correcta. Si a esto se le añade la falta de control ocasional, de algunas funciones metabólicas, la cosa se hace bastante engorrosa y ya tenemos todos los ingredientes para no animarte ni ilusionarte por salir de la “zona comoda”. Con este panorama por delante pensamos que ya no podríamos salir de nuestro encierro casero.

¿Que podíamos hacer? Coger el mismo apartamento en Calafell? Imposible, después del “incidente” en la piscina del ultimo verano. ¿Un hotel? demasiado barullo de gente, los tres en la misma habitación, problemas con las comidas de fritanga y rancho cuartelario. Totalmente inapropiado. ¿Coger un apartamento sin piscina, con la única opción de bajar a la playa? Tampoco podíamos por los problemas de movilidad de mi madre. ¿Que nos quedaba? I alguien dijo: ¿y si cogemos un bungalow en el camping de Santa Susana? Yo al principio creí que se trataba de una broma, pero poco a poco fuimos analizando los pros y los contras. ¿Un bungalow para nosotros tres con dos habitaciones individuales? Bien! ¿Con piscina? Bien!  Siempre podríamos bañarnos por turnos. Recordaba que la playa no era una maravilla, ya que estaba formada por pequeñas calas con rocas y poca arena, y muy mal camino para acceder, pero siempre podríamos dar un remojon a los pies de la abuela en la playa larga fuera del camping. Y al camping que nos vamos.

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El injerto

Estàndard

Su calva dejo de emitir aquel brillo tan deslumbrante. Una fina capa de rizos castaños ocupo su lugar. Lo primero que hizo después de salir de la clínica, fue comprar todo un arsenal de peines, cepillos, fijador, espuma, champú, mascarilla, acondicionador, crema suavizante. Todo aquello le venía un poco grande. La dependienta que estaba muy versada en el tema  no tuvo ningún inconveniente en perder casi una hora de reloj con aquel nuevo cliente. Aquel mes se llevaría una buena comisión.

Solo había transcurrido una semana cuando empezó a notar aquellas pequeñas molestias. Siempre era por la noche. Supuso que el calor de la cama le producía aquellos picores, aquella desazón. Pero fue en aumento. Ya no podía dormir, no conciliaba el sueño. Se lavaba la cabeza a medianoche con agua fría a fin de apagar los ardores. En la clínica le dijeron que era normal. Las raíces de los implantes necesitaban un tiempo de adaptación.

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Hia ha dies que es millor no sortir de casa

Estàndard

Com cada dilluns des de que falta el pare, la tieta Ana ha vingut a visitar-nos i a quedar-se un parell d’hores amb la mare perquè el Josep i jo poguem sortir una estona sense “carabina”.

Es dilluns i els treballadors del metro estan de vaga. Fa molta calor, son les quatre de la tarde. Portem tot el matí rumiant on podem anar. Tenim molt poc marge de temps. Finalment decidim baixar fins la Diagonal, agafar el TRAM i anar a la zona del Fòrum a visitar el Museu Blau. Després passejarem per el parc i de tornada anirem caminant i farem una parada per fer el “vermut” de las sis de la tarda.

Mentre baixem fins la Diagonal, fent ziga-zaga per buscar els carrers on hi ha més ombra, recordo que no tinc la T10 i que me l’he deixat a casa al canviar de bolso. El Josep nomes li queda un viatge amb la seva. Comprarem una a la parada del TRAM. Cap problema.

La màquina no admet bitllets. Nomes targeta de crèdit o monedes. Començo a suar. La meva targeta la vaig perdre fa una setmana quan em van pispar el moneder. Mai porto la targeta al moneder, però aquell dia sí que la portava. Quan vaig anar al banc per anul·lar-la també van anul·lar la del Josep. I el banc encara que no ens ha enviat les noves. Estem “indocumentats”.

El Josep busca en el seu bolso el moneder negre on porta sempre una carretada de “calderilla”. Fa molta calor. El moneder no apareix en cap de les sis butxaques amb cremallera del bolso. Encara que ell s’esforça en obrir i tancar varies vegades per mirar i assegurar-se que no hi es. Finalment recorda que l’ha deixat a casa a la butxaca de l’altre pantaló que portava. Miro en el meu moneder i no porto gens ni mica de monedes. Continua fent molta calor.

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